Bueno, hoy toca coger del cajón un poema lúgubre y tétrico pero, a mi parecer, precioso igualmente.
Tras la pared de piedra oscura,
fría, dura, sin cordura,
se hallan dos perlas brillantes,
negras, brillan como diamantes.
Van cubiertas tras pañuelo,
negro, de luto, insincero,
que ladran al vendaval
miedo, oscuridad y mal.
No veo el resto del cuerpo,
mas se asoma muy muy lento
el cadáver con las perlas,
desgarradoras ofensas.
Penetran mi subconsciente,
de las perlas soy creyente,
soy su más fiel vil esclavo.
Me acerco sin ningún reparo.
Miro las perlas, me envuelven,
son penetrantes, yacientes,
siento miedo, me acelero,
me arrancan mis pensamientos,
esas perlas resplandecen,
como dos vidas perecen,
hasta quitan mi bufanda,
me estaban quitando el alma.
Frío invierno, te veo negro.
Siento que ya no me muevo,
me es imposible apreciar
el frío rocío invernal.
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