Lo tenía todo y entonces fue como si un gran muro de agua se me echase encima, cargándome todo el peso de la realidad.
Sí, puedo ver en el fondo de sus ojos que no le apetece sonreír pero, ¿por qué lo hace?
Después de tanto tiempo aún siento esa conexión, como una llave oxidada que me permite observar en su interior. Por eso puedo sentir sus emociones; su dolor.
Extrañamente lo más difícil de sentirse mal es no aparentarlo.
Pero no me voy a engañar diciéndome que es por él, fue un capricho rechazado que tuve que olvidar, aunque, cómo cumbre de mi egoísmo, no intencionadamente.
Resulta más complicado no pensar cuando te lo propones...
No hay comentarios:
Publicar un comentario