Octubre 2008
No sé qué es el amor.
Conozco la vergüenza a hablarte,
el nerviosismo por conocer tu reacción,
los calores en el momento de decirte algo, que recorren todo mi cuerpo;
ese escalofrío cuando me tocas antes de contestar, todo se paraliza, respiro demasiado, mi corazón palpita demasiado.
En esos instantes, que son eternos pero no lo suficiente, me fijo en tus labios; tus ojos; tus cejas; tu nariz; tus mejillas sonrosadas con pecas invisibles; tus dientes al sonreír; tu pelo, sus rizos infinitos, frescos, húmedos, ligeros, fuertes, espumosos, suaves; pero sobre todo observo tu alma.
Que sale por tus labios repartiendo alegría; que es cristalina a través de tus ojos, más aún al cerrarlos; al sonreír, creando esas pequeñas arrugas a su alrededor.
Que exponen tus cejas, interrogativas y dudosas, imposible de predecir su resultado. Tu nariz, en la que deja el humor, que aparece en forma de pequeñas contracciones cuando algo le hace gracia.
En tus mejillas pone toda su dulzura; son almíbar encarnado, suaves y claras, blandas pero duras, son deseables.
En tus dientes establece el orden, lo estricto, la limpieza, las leyes, lo puro, lo recto, lo cual se rompe con una sonrisa, una leve sonrisa, tan fácil de provocar.
En tu pelo necesita poner más magia con la que crea tu ser, tu pelo es la representación de todo lo libre y preso a su vez; lo erótico y lo virgen, frío y cálido a la vez, delicado pero fuerte; podrías estar casi rozándolo y estarías a abismos de distancia.
Esto ocurre en un momento, justo antes de que respondas. Espero tu reacción, parece que nunca llega. El tiempo no da pasado, mi corazón palpita bruscamente:
pum, un gélido frío recorre mi cuerpo, pum, siento que voy a estallar. Creo que estoy temblando. Podría tener fiebre.
Parece que va a contestar...
Sonríes.
Una cálida brisa llena mi ser. Recobro poco a poco el pulso. El tiempo comienza a pasar con normalidad... me ha sonreído.
No se qué es el amor, pero espero que se parezca a esto.
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